¿El Coronavirus mata autónomos?

Pedro Pérez, abogado y empresario 

«Como sociedad hemos demostrado que somos mejores de lo que pensamos»

Pedro Pérez (en la pantalla del ordenador) y Ángel Sierra conversando por videoconferencia

Revisar su biografía te hace ver rápidamente que se trata de una persona especial, de esas que no te dejan nunca indiferente. También lo es en el ejercicio de su profesión, donde sin duda, resulta un abogado singular. Y así lo hace, empezando por lo menos importante: rehuyendo en cuanto puede del clásico traje y corbata. No por incómodo, que también, sino por suponer una barrera, un añejo símbolo de poder, un elemento artificial que limita o condiciona la comunicación.

Pedro Pérez (1974, Sevilla) evita todo lo que «huele» a ejecutivo. Y eso a pesar de dirigir su propio bufete. Su esencia es más “casual”, más humana, más “yo”. Su carácter inusual queda también reflejado en el gesto: amistoso, empático, relajado, sincero… alejado de cualquier expresión distante o superficial. Y eso mismo nos sugiere su discurso interesante, preciso, ingenioso… y a la vez, tremendamente cercano, rozando el colegueo. Ni rastro de pomposidad o autopropaganda. 

A pesar de las canas que comienzan a ganarle la partida, de su voz madura, templada, segura, y de sus gestos serenos, el Sr. Pérez transmite una enorme vitalidad. Sus ojos azules brillan intensamente, curiosos, ansiosos por descubrirlo todo, como si fuera un niño despertando a un nuevo mundo. Su conversación desborda ilusión, ganas de hacer cosas, de seguir aprendiendo, de vivir nuevas experiencias… y también ganas de salir pronto de esta crisis. 

Pertenece a un colectivo invisible en esta crisis. No es un gran empresario, pero tampoco un asalariado. No ha perdido su trabajo, ni ha sido incluido en un ERTE.

Es autónomo, y tiene en su pequeño despacho, Govart Abogados varias personas en plantilla. Más que un despacho, el proyecto de vida que que ha levantado junto a su pareja.

De la crisis económica de 2008 aprendió muchas cosas. Entre otras, a sortear este tipo de situaciones, reducir costes y, seguramente, arriesgar menos. Gracias a ello, el inicio de la actual pandemia le pilló mejor preparado. Pero esto no le le convertía en un ser invencible. A pesar de reducir drásticamente su actividad…y sus ingresos, no ha recibido apenas ayudas, como muchos. Sin embargo, ha decidido mantener todo este tiempo a su plantilla. Tirando de ahorros.

Charlamos por videoconferencia con Pedro Pérez, abogado y empresario. Desconocido para el gran público; pero tremendamente relevante como integrante de uno de los colectivos esenciales para el futuro del país, en la tan ansiada y temida nueva normalidad.

PREGUNTA. ¿Cuántos años llevas trabajando como autónomo?

RESPUESTA. Veintiún años ya, madre mía.

P. ¿Y cómo comparas la situación actual con otros momentos de dificultad que has encontrado en tu carrera profesional en esos años? 

R. Quizá me recuerde los inicios, cuando tenías que abrirte paso en un ámbito profesionalmente copado por personas con bastante más experiencia, y tenías que trabajar sin descanso para suplir esa falta de experiencia y conseguir la confianza del cliente. La situación actual genera, por otros motivos, ese miedo de los inicios.

P. ¿En qué situación económica y laboral te encontrabas al comienzo de la actual pandemia?

R. Bastante positiva. Con un despacho en crecimiento constante y empezando a pensar en ampliar plantilla. Económicamente la empresa estaba completamente saneada, incluso con un importante fondo para afrontar el año.

P. ¿Y cuál es tu situación a día de hoy? ¿Cómo han impactado este año largo de pandemia en tu actividad?  

R. La actividad “productiva” se ha visto reducida drásticamente, sobre todo al principio. No ha existido negocio real, aunque sí hemos tenido mucho trabajo producido por las constantes normas dictadas por el Gobierno y su cuestionable redacción.

De pandemias, COVID- 19 y autónomos

P. ¿Cuál crees que es ahora mismo la situación general en tu entorno? 

R. Hay de todo, pero en líneas generales la situación es bastante delicada. Está provocando una retracción inmediata en casi todos los actores, y una previsión a la baja en las expectativas del año: Incluso con cierres por la inviabilidad de recuperar en el medio plazo las deudas que se tendrían que asumir.

«Los autónomos estamos acostumbrados a NO recibir ayudas de NINGÚN tipo»

P. ¿Qué piensas que debería hacerse para ayudar a los autónomos, y a las PYMES para salir lo mejor posible de esta situación? 

R. Sobre todo, incentivar fiscalmente y reducir costes asociados con la actividad. Si al final la asunción de un riesgo implica ganar lo mismo, sencillamente no lo asumes. La subida del salario mínimo y demás costes relacionados ya provocó una desaceleración en las PYMES y autónomos en las nuevas contrataciones; si se mantienen estos costes, e incluso se añaden otros nuevos, no es difícil saber qué ocurrirá. Sin duda, también son necesarios cambios estructurales, como por ejemplo una reforma severa de nuestros tribunales, para dotarlos de una agilidad muy necesaria. No puede ser que se tarden años en resolver asuntos de los que dependen la continuidad de empresas, los autónomos, etc.

P. ¿Cómo valoras las ayudas públicas que se han dispuesto en tu caso para sortear la crisis?

R. Reconozco que no estoy muy al tanto del detalle, pero en líneas generales han sido dirigidas a aplazar o a facilitar préstamos, lo que entiendo solo supone diferir el problema. Si no van acompañadas de medidas reales de ayuda a la actividad, difícilmente ayudarán. Afortunadamente, como autónomos tampoco estamos acostumbrados a recibir ayudas de ningún tipo, por lo que casi nos conformamos con que no sigan agravando o dificultando la iniciativa privada.

Pedro Pérez en su despacho, minutos antes de un juicio

P. ¿Cómo has llevado el miedo a contagiarte?

R. Como autónomo, el miedo a las consecuencias del contagio ha ido más allá que la de cualquier persona perteneciente a otro régimen económico. Al margen de las implicaciones en cuanto a la salud, enfermar supondría no poder producir durante un tiempo considerable. Este temor ha implicado la adopción de medidas extremas de seguridad: en lo profesional, con el cierre de la oficina, implantar el teletrabajo, y en lo personal, sin apenas salir de casa en estos meses. Aunque las consecuencias no han sido solo negativas. También he tenido tiempo para dedicar a actividades que normalmente mi ocupación no me permite, e incluso valorar mejor lo que implica el vertiginoso ritmo que conlleva hoy por hoy la profesión. En cuanto al futuro, ahora mismo ni me lo planteo. La preocupación que la actual crisis provoca en el ahora, deja en un segundo plano cualquier pensamiento sobre el futuro.

P. ¿Qué cambios has apreciado a medida que se han ido flexibilizando las medidas de confinamiento? 

R. A nivel personal, no he notado demasiada diferencia. Especialmente por la posibilidad de teletrabajar, y el ya comentado miedo al contagio. A nivel social, la relajación ha sido progresiva; pero sorprende ver a tanta gente comportándose como si nada hubiera pasado.

P. ¿Qué iniciativas has llevado a cabo para tratar de adaptarte a la situación? 

R. Principalmente, apostar de manera definitiva por el teletrabajo, lo que nos ha permitido un mejor aprovechamiento del tiempo. Tiempo que no solo favorece el hacer mejor nuestro trabajo, y tener más oportunidad de seguir formándome; sino, muy especialmente, poder ofrecer una mejor atención a las personas. Algo que, en mi caso, he visto necesario y fundamental: casi todos tenemos en estos días la necesidad de poder desahogarnos, al margen de hablar del negocio en sí.

P. ¿Y cuáles de estos cambios consideras que han llegado para quedarse? 

R. Fundamentalmente el teletrabajo. Aunque espero también que ese espíritu de solidaridad y apoyo perviva, y seamos más conscientes que todo negocio debe implicar la generosidad de todas las partes; no pensar solo en uno mismo. Eso, y que el mes que viene me caso, ¡Por fin! (sonríe).

Pedro Pérez junto a su socia y pareja, Francisca Vallejo

De crisis, gobierno y sociedad

P. ¿Cómo compararías esta crisis con la crisis económica de 2008? 

R. Resulta aún muy difícil de comparar, aunque todo parece indicar que, si no se incentiva la iniciativa privada, la situación a futuro va a ser muy dura. La única ventaja ha sido el aprendizaje que supuso dicha crisis, y que ha hecho que los autónomos seamos más prudentes a la hora de asumir gastos o estructuras fijas, imposibles de mantener en tiempos económicamente desfavorable.

P. Volviendo al 2020, Pedro Sánchez ha afirmado varias veces que «No vamos a dejar a nadie atrás». ¿Cómo valoras la forma en que el gobierno ha gestionado la crisis?

R. De partida me parece un lema muy desafortunado; más ahora si cuentas la pérdida irreparable de 30.000 vidas; personas que has dejado en el camino por tu total negligencia a la hora de adoptar cualquier tipo de medida. Creo que la crisis ha demostrado muchas cosas, pero especialmente la falta de medios reales disponibles para hacer frente a una situación excepcional, y la incapacidad de los políticos para ofrecer soluciones eficaces. Ha existido una deriva incomprensible, con decisiones que son rectificadas a las pocas horas de adoptarse, y vueltas a rectificar. Una total falta de coordinación que, sin género de dudas, en el sector privado habría conllevado dimisiones o ceses inmediatos. Como tantas veces, el resultado habría sido todavía más caótico si no hubiera sido por el compromiso de la población: sanitarios enfrentándose a una pandemia sin equipo, el ejército montando hospitales de campaña en días… pero también personas que hacían la compra para sus vecinos mayores, propietarios que condonaban rentas a sus inquilinos en ERTES o paro, etc.

P. ¿Consideras este último aspecto lo más positivo que hemos sacado? 

R. Sin duda. Lo mejor ha sido el espíritu de las personas de a pie, capaces de dejar de lado todo para aportar.

P. En relación con ese nuevo espíritu colectivo, durante los primeros meses pudimos ver cómo la sociedad tiene ahora aparentemente una percepción distinta del trabajo de colectivos hasta ahora no suficientemente valorados, como los sanitarios, los autónomos, y todos los que se han denominado trabajos esenciales. Aplausos, plataformas ciudadanas, apoyo al comercio local… ¿Crees que la crisis ha despertado lo mejor de la sociedad? 

R. Sin duda. Ahora de lo que se trata es de continuar con ese espíritu y exigir a nuestros gobernantes, que están ahí para servirnos y no al revés, que actúen en consecuencia.

P. Y dejando a un lado la parte más bonita de la película. ¿Algún aspecto negativo que destacarías de toda esta crisis?

R. La fragilidad del sistema. Bastaron solo un par de meses en 2020 para darnos cuenta que el estado del bienestar es una ilusión: no hay medios, no hay equipos, no hay recursos, no hay líderes…

P. ¿Cómo ves tu futuro a corto plazo? ¿Cómo ves España? 

R. Aunque a nivel personal estoy seguro que podré adaptarme a lo que venga, sobre todo por el buen trabajo anterior, ahora mismo creo que la inseguridad en el país es total; no solo por la previsible crisis económica, sino especialmente por la incertidumbre política. Los vaivenes del gobierno, sus crisis internas, etc. no son especialmente alentadoras para afrontar una crisis y dar un mensaje de seguridad a la iniciativa privada nacional e internacional.

«El MIEDO al contagio para un autónomo ha sido MUY SUPERIOR que en otras personas»

P. Para finalizar, ¿qué mensaje mandarías a la ciudadanía, cara al futuro? 

R. Que una vez más hemos demostrado como sociedad que somos mejores de lo que pensamos.

P. ¿Y a nuestros políticos? 

R. Que asuman su falta de diligencia y obren en consecuencia. Empezando por disminuir su número, y el de altos cargos colocados a dedo; reduciendo sueldos y dietas; y empezar a actuar conforme a lo que nos digan los expertos, y no lo que les sugieran las encuestas. Expertos que, tristemente, actúan hoy a menudo como títeres manejados únicamente para dar mayor credibilidad a decisiones populistas. Pero como todo esto no lo van a hacer, que al menos aprendan algo de la gente. Que dejen de ofrecer el lamentable espectáculo que dan cada vez que se juntan, y empiecen a trabajar de forma efectiva y conjunta por el país.

La realidad de Pedro Pérez no es solo la suya. Muchos sectores de nuestro día a día, de la economía real, esa que no se observa a vista de pájaro, han quedado muy rezagados en esta partida; excesivamente ocultos. Demonizados por una parte de la sociedad tristemente alentada por muchos personajes públicos que con su discurso les han convertido en tiranos. Transformando en avaros explotadores a quienes en su mayoría sostienen en sus brazos el peso de nuestra economía. Convirtiendo en los malos de la película a una parte importante de los héroes de esta historia.

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Angel Sierra

"Saber escuchar no siempre significa no tener nada que decir." Cinéfilo, tecnólogo, deportista, tímido, imaginativo, trabajador, viajero, comunicador, compañero, disfrutón, tranquilo, loco, músico, cocinero, gestor, bailarín, empático, friki, complicado, géminis... siempre diferente. Huye de encasillamientos; de lo que has sido o dicen que eres. Sé lo que quieras ser... sobre todo buena gente.

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