10 años después…

Resulta curioso lo presente que tengo este blog en muchos momentos y situaciones de mi vida; y ello, a pesar de, o más bien dejando a un lado el hecho de que llevo ya bastantes años con él prácticamente abandonado. Y ahora que lo pienso, resulta además especialmente irónico, considerando que fue allá por el 2014 cuando tomé la firmeza de darle la vuelta a mi propia forma de ser: comenzar a perseguir un nuevo planteamiento vital, como un mantra sagrado, con la mayor de las firmezas que me permitieron mi espíritu y mi cuerpo acordeónico (capaz del minimalismo más miserable y de la ostentosidad más destructiva); plantearme como filosofía personal el obligarme a ser capaz de concluir mis «emprendimientos», de llevar a buen fin cada una de las diferentes aristas o bifurcaciones elegidas de este presumiblemente y deseadamente largo, sinuoso y a menudo autoretorcido camino que llamamos vida. El yoga, elemento igualmente importante en este cambio, vendrá sin embargo mucho tiempo después; y como muchas de las mejores cosas en mi vida: de forma completamente azarosa, e inicialmente por motivos mucho menos espirituales.

¿Pero qué es lo que resulta tan irónico, te preguntarás? Tratando en parte de sobrevivir a la torsión de estas líneas. ¿O acaso no tienes ahora la impresión de morir de viejo antes de, no ya de finalizar este post, sino siquiera de alcanzar su punto de despegue, ese momento que te permita, así como al avión que alza el vuelo el elevarse por encima de copas y edificios, y te posibilita entonces contemplar de forma más completa la globalizad del paisaje y el entorno que os rodea? Porque a estas alturas, en este post, lo único claro es la oscuridad, lo fácil que resulta hacer difícil adivinar qué objetivo tiene mi monólogo. Aunque tengo que reconocer, que tal dificultad no lo es solo para ti. Estaré oxidado.

Es irónico, aterrizando ya de nuevo en el tema (¿o estábamos despegando?), que ese plan de futuro, de transformación personal…se iniciase, de nuevo, por casualidad. Consecuencia además de dos hechos totalmente diferentes, con cero relacción entre sí, pero coincidentes en el tiempo (curioso año ese  2014). Primero, una carrera infinita (y no universitaria, que también). Un reto imposible de acabar, quizás de lo poco que no estaba en mi vida preparado para llevar a buen fin; pero que insospechadamente concluí…y además, nunca abandonaré (¡Ay, esos benditos 101 km!). Y segundo, el inicio de una vida que supuso el final de la mía (como había sido conocida hasta entonces). Mi destrucción, y posterior renacimiento hacia una segunda parte que esta vez sí podrá superar con creces a la original. Y también resulta muy irónico que mi nueva vida de persona que todo lo acaba, arrancase precisamente con el olvido y abandono de uno de sus tesoros más valiosos, esta inacabada bitácora.

Casi 10 años después de arrancar este blog, y tras 6 años de silencio…otro hecho curioso es que , ahora que he retomado mis estudios de periodismo, me haya dado cuenta de que necesito escribir; que es tan yo como mis piernas. Quizás acaso siento una mayor necesidad por haber dejado de hacerlo profesionalmente. Aunque no era esta una actividad que permitiera volar, al menos escribía cada día como si no hubiese un mañana: como el que se quita la necesidad de su ración diaria de chocolate (versión legal) comiéndose dos kilos de apio (con «a» de alcohólico). Y es que además, para escribir a mi gusto, no hay duda de que este blog es la mejor dro…medicina.

Está claro que en estos años he seguido alimentándome, aunque fuera de otro plato. De hecho, quizá alguno recordará que antaño, parte de este blog contenía la historia de una niña llamada Daniela. Una niña que se congeló en mitad de la aventura de su vida por culpa de un pseudoescritor que empezó a acabar las cosas y dejo sin terminar su relato. Una niña que, años después, algo más madura, voló fuera de este blog para conseguir por fin salvar a Nold. Una niña que, muchos años después, quizás vea pronto su historia convertida en libro.

Irónico es, al menos para mí yo de ayer, que hoy, 10 años después, aquí seguimos los tres…

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Angel Sierra

"Saber escuchar no siempre significa no tener nada que decir." Cinéfilo, tecnólogo, deportista, tímido, imaginativo, trabajador, viajero, comunicador, compañero, disfrutón, tranquilo, loco, músico, cocinero, gestor, bailarín, empático, friki, complicado, géminis... siempre diferente. Huye de encasillamientos; de lo que has sido o dicen que eres. Sé lo que quieras ser... sobre todo buena gente.

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