¡Suerte!

Hoy es el día. ¡Por fin! El momento deseado, imaginado hace ya casi dos años y medio, cuando decidí romper con una parte importante de mi vida pasada, y lanzarme a esta aventura tan incierta, emocionante, esquizofrénica, exigente, insensata, apasionante, angustiosa, absorbente, frustrante, tremendamente motivante y enriquecedora a ratos (los menos), y por momentos (los más) absurda y loca, que es el mundo del opositor.

Un día grande, pase lo que pase (como el burro). Un día en MAYÚSCULAS, marcado en el calendario con tamaño de letra 46 y fluorescente de dos colores. Ese mismo con el que adorné mis apuntes, desde el preámbulo de la Constitución Española hasta las descripción de TREW@. La lentitud de la administración pública, especialmente insensible con ese ciudadano anónimo que sueña con convertirse en empleado público; el inicio de una nueva crisis económica y, especialmente, el ya famoso COVID-19, han ido jugando sin piedad y moviendo a su voluntad las fechas: semanas, meses… hasta agotar las excusas. Hoy es HOY.

Sin embargo, hoy yo no voy a estar en ese examen. De hecho, técnicamente hace más de un año que dejé de ser opositor. Aunque quien ha vivido esta experiencia sabe que un opositor lo es ya para siempre. Y no porque no se consiga una plaza, ni mucho menos. Sino porque opositar se convierte en una experiencia tan intensa, tan profunda, que obliga a menuda a darle la vuelta a tu vida como un calcetín, que se te queda dentro como un trocito de ti; de tu nuevo tú.

El caso es que en este camino tan exigente y desconcertante se cruzan a menudo pequeñas sendas o atajos, caminos alternativos, complementarios, que supuestamente te llevan al mismo destino, y que tú decides tomar  o no. En un punto yo elegí desviarme un poquito por un camino muy muy estrecho y cortito, con idea de volver enseguida a mi ruta central. Pero ese caminito se fue a su vez ramificando, obligándome a elegir nuevas rutas. Y al final me llevó a un punto distinto a mi planteamiento inicial.   

He dudado mucho si ir hoy a hacer la prueba, ya que tengo las tasas pagadas. De hecho ayer seguía sin tenerlo claro. La idea romántica de cerrar el círculo, de acabar lo que empecé…incluso, porqué no decirlo, el planteamiento narcisista de pensar que aún podría pasar el corte. Sin embargo, finalmente no voy a ir. El círculo lo cerré realmente hace ya unos meses, aunque sea de un color diferente. Y gracias a haber acabado lo que empecé, aunque de forma distinta a la inicialmente imaginada, he podido marcarme un nuevo objetivo, al cual dedico ahora el tiempo que no me roban las leyes (parte de este nuevo camino, por ejemplo, tiene mucho que ver con poder escribir estas líneas). Y lo de aprobar la oposición… en fin… eso es ya otra película… de ciencia ficción; Hoy valoro mucho más que ayer el esfuerzo que hacemos los opositores… TODOS LOS DÍAS; hormiguitas silenciosas; héroes anónimos, que pasito a pasito hacen que parezca fácil saberse hasta las comas de textos infumables. Hace una año creo que era un opositor bastante bien preparado; y hace dos años, bastante menos preparado, aprobé una oposición que no era la mía. Hoy no estaría ni cerca de poder pasar ninguna. Y este es seguramente el único consejo que os puedo dar. No quitéis ni una gota del inmenso mérito que tiene llegar a hoy. Porque es ese trabajo invisible de todos los días, esos pasitos que os han traído a este sábado, son los que os han transformado sin daros cuenta en gigantes invencibles. La suerte es muy importante, lo creo firmemente, sin ningún tipo de duda. Pero sin ese enorme esfuerzo, no hay suerte que valga. Yo fui un gigante, como vosotros, sin saberlo. Hoy os miro desde abajo, otra vez pequeñito, con envidia sana y orgullo de compañero, y un poquito triste de ser eso, otra vez pequeñito (os lo dije, un opositor lo es ya para siempre).

Y es que en este camino me crucé con muchas personas; con mil motivos diferentes, pero un mismo objetivo. Algunos de estos compañeros de viaje han sido y son, sin duda, lo mejor de mi viaje. Gente muy grande ya antes de convertirse en gigantes. Gente de la que quieres tener siempre cerca en tu vida. 

Vosotros ya habéis hecho realidad lo difícil, crecer hasta el cielo;  Hoy, desde mi retiro voluntario, solo os deseo la mayor suerte del mundo.

¡SUERTE!

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Angel Sierra

"Saber escuchar no siempre significa no tener nada que decir." Cinéfilo, tecnólogo, deportista, tímido, imaginativo, trabajador, viajero, comunicador, compañero, disfrutón, tranquilo, loco, músico, cocinero, gestor, bailarín, empático, friki, complicado, géminis... siempre diferente. Huye de encasillamientos; de lo que has sido o dicen que eres. Sé lo que quieras ser... sobre todo buena gente.

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Un comentario en «¡Suerte!»

  1. Ángeles

    Bravoooo compi!! Y toda la suerte del mundo en ese proyecto que tienes entre manos, te irá genial porque te mereces todo lo bueno que te pase. Un abrazoooo!!

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