Cheers

Cheers. Taburetes de bar.

Sé que puede sonar un poco a americanada, pero necesito urgentemente encontrar “Mi bar”. ¿ Y por qué digo eso? Si está claro que en España también tenemos una buena cultura de bares.  Y al decir “una buena” me quedo bastante corto, que en eso si que somos potencia mundial. ¿No se suele decir que una persona podría recorrer España de norte a sur, pasando de bar en bar, sin llegar a tocar el suelo de la calle? O algo así…

Exageraciones aparte, está claro que somos un país que disfruta de los bares, y que los tiene a millares. Lo que pasa es que yo no busco un bar de copas (tampoco lo desprecio), porque no quiero hacer sobremesa, ni pasarme allí las noches. Con eso ya he eliminado unos cuantos. Tampoco busco un bar de comidas (en ninguna de sus dos acepciones): no quiero desayunar, comer o cenar allí. De esos ya tengo bastantes (de los de comer comida, los otros ni los piso). Ni busco locales temáticos, ni siquiera bares de tapas. Necesito “MI BAR” con mayúsculas, donde pasar el rato; donde echar las horas muertas, sin un motivo concreto, siempre que me apetezca. Un lugar intimo, donde los camareros (no más de tres, que no queremos convertirlo en una franquicia) son en realidad tus amigos. Donde en seguida conoces, aunque sea simplemente de vista, a toda la clientela. Un espacio donde llevar y disfrutar con tus amigos, con tu pareja. Un rinconcito alejado del resto del mundo, para charlar, desahogarte, para leer la prensa, ver un partido… y donde claro, beber cerveza. Y si te entra hambre, un sitio también donde poder comer cualquier cosa.

Y me diréis, ¿Qué tiene ese concepto de americano? Nosotros tenemos miles de bares así. Y es cierto. En España tenemos el típico Bar de hombres, que básicamente cumple con mi descripción. Lugares con pocas mesas (o ninguna). Con una barra alargada de aluminio, de borde redondeado, y una fila de taburetes negros semiacolchados (muy “semi”). Locales donde, sobre la barra, descansa siempre un expositor de tapas resecas, varias botellas de tinto empezadas (con su corcho perfectamente colocado), y el periódico del día… del día que lo compraron. Con una tele (en muchas casos todavía sin pantalla plana, creedme) colgada de un soporte en la pared…y poco más. Bueno si; detrás de la barra, varios armarios de repisas, también de aluminio, con multitud de botellines de cerveza, … y miles de vasos finos de cristal, de media altura. De cristal “envejecido” y arañado, para ser más preciso. Porque en estos bares el “vaso de caña” es la estrella. Se usa para la cerveza, los refrescos, para el café, el vino,…. y hasta para las copas. Lo raro es que usen plato para las tapas, quedando vasos…¿limpios?. En definitiva, el sitio donde a una mujer jamás se le ocurriría entrar sola… y tampoco acompañada. Pues lo siento pero no me sirve.

Veréis. Sé que he visto demasiadas películas o series, y que por lo que voy a decir puedo ser la deshonra de la raza machohispánica, pero yo necesito un bar al estilo Cheers, o el McLaren’s de Cómo conocí a vuestra Madre (el concepto Central Perk de Friends no está mal, pero me parece ya excesivamente cursi). No me valen los bares de hombres. Ni siquiera, y aun siendo en su esencia un concepto similar (y también televisivo), me funciona el concepto Los Serrano. Y el caso es que,  como ya he dicho antes, yéndome al otro extremo, tampoco me encaja un “bar escaparate”, o una franquicia prefabricada. Busco justo el punto intermedio. Y es ahí, donde no encuentro tanto material donde elegir. Porque además el bar debe estar cerca de casa, o como mucho del trabajo.

Algunos sé que me comprenderéis. Y aunque otros muchos estéis pensado que mi reflexión es una estupidez, vosotros sabéis en el fondo que llevo razón. Y, o bien ya tenéis “vuestro” bar, y os importa poco mi problema, o también lo andáis buscando, incluso sin saberlo. Pues si ya lo tenéis, os lo digo muy en serio. Ponedlo en valor. Puede que no dure para siempre. La crisis es muy mala, y aunque no lo creáis, hasta los bares cierran. O incluso podéis sufrir un cambio de residencia (movilidad laboral que lo llaman). Yo tuve “Mi bar”, varias veces, y lo perdí. La Barraca en Granada, el El viejo Peet en Málaga… ¡Hasta en Chile encontré mi bar! Así que no os confiéis. Si por el contrario aun no lo habéis encontrado, no os rindáis, seguid buscando. Os está esperando, no os conforméis con cualquier Gambrinus.

Y si nunca lo habéis tenido… mis más sinceras condolencias.

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Angel Sierra

"Saber escuchar no siempre significa no tener nada que decir." Cinéfilo, tecnólogo, deportista, tímido, imaginativo, trabajador, viajero, comunicador, compañero, disfrutón, tranquilo, loco, músico, cocinero, gestor, bailarín, empático, friki, complicado, géminis... siempre diferente. Huye de encasillamientos; de lo que has sido o dicen que eres. Sé lo que quieras ser... sobre todo buena gente.

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