Un brindis por los novios

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Mañana es la boda de mis últimos cuñados solteros: Silvia y Luís; Un acto más de su historia de amor; un día importante por su significado; una meta intermedia desde la cual no se acierta a divisar ni el principio ni el final de su camino en pareja.

Por eso la celebración de mañana, más allá de formalismos, es sobre todo eso, una fiesta en familia conmemorando esta historia de amor. Una historia que, por otro lado, me parece mucho más romance de película que los que normalmente aparecen en el cine.

Dos vecinos de bloque desde niños, conocidos de barrio, compañeros de instituto y de fatigas, que han crecido juntos cruzando sus vidas a lo largo de años, y que han quemado etapas, alcanzando sueños, sobreponiéndose a decepciones y, en definitiva, madurando; siempre cerca uno del otro. Porque conseguir hacer realidad un amor así después de tantos años tiene mucho más mérito y es mucho más romántico que un amor a primera vista.  Porque avanzar en el camino de la vida manteniendo ambos la misma dirección,  creciendo en complicidad y afinidades es algo realmente difícil de encontrar. Porque superar en estos casos que siempre uno sienta antes que el otro la llamada de cupido no es fácil, y solo puede hacerse manteniendo la tranquilidad, venciendo el miedo y esperando pacientemente el momento. Lo que sí se cumplió, como suele suceder en estos casos, es que el resto del mundo intuyó el romance bastante antes que sus cegados protagonistas.

Ella, la segunda de tres hermanas: familia numerosa. Resulta fácil después de haber pasado bastantes años junto a esta familia demostrar que una parte importante de lo que uno es se debe a su entorno, a su familia; pero que un porcentaje todavía mayor viene ya impreso dentro de cada uno. Que somos como somos. Porque las tres hermanas, creciendo en un entorno similar, son muy diferentes. Eso sí, comparten una educación y unos valores envidiables (de los que escasean en este momento, al menos en nuestro país), una fuerte creencia en el esfuerzo y en la familia, y un gran amor y complicidad entre ellas.

Él, el primero de tres hermanos: familia numerosa. ¡Curioso! Podríamos rodar la versión reducida de siete novias para siete hermanos, o tres novios para tres hermanas en esta ocasión (y así yo tendría un papel protagonista en la película). Sin conocer tanto la familia de Luís, creo que lo dicho de Silvia y sus hermanas no dista demasiado de ser igualmente cierto.

Resulta curioso como la vida tiende a ponernos a cada uno adjetivos que van variando a lo largo de la vida. Es la forma que tenemos de clasificar las cosas y sentirnos con ello más cómodos, más confortables. Por ejemplo estos días Silvia y Luís son los novios (¡a sus años!). Sin embargo Silvia para mí, al conocerla, pasó a convertirse en una de las nuevas hermanas guapas en mi pandilla de la playa; era entonces cuando aún teníamos dificultad para diferenciar a una hermana de la otra. Después pasó a ser la hermana de mi novia, y así aguantó bastantes años, hasta que logró oficialmente el puesto de cuñada. Ahora, y desde hace ya unos cuantos años, es nada más (y nada menos) que la mama de Lucia (y desde hace algo más de un año, también de Laura); así son las cosas. Luís, por el contrario, fue muchos años simplemente Luís, el vecino ese que siempre estaba con Silvia. Luego pasó a ser el Novio de Silvia (siempre desde mi perspectiva claro, que he vivido la secuencia más desde el lado de los Prieto). Finalmente, por supuesto, pasó a ser el papa de Laura y Lucía.

Silvia es tímida, reservada; pero tremendamente firme y decidida a perseguir, defender y/o alcanzar aquello que considera justo o importante. Sin embargo lo que más me gusta de ella es que se niega a admitir que las cosas tengan que ser o se tengan que hacer de una determinada forma simplemente por el hecho de que son así, de que es ese el camino establecido. Considera que las cosas pueden ser o hacerse de otra forma, y que lo realmente importante en esta vida es ser buena persona, ser feliz, y sentirse satisfecho con lo que uno hace (y no creáis, que llegar a esto a mi me ha llevado mi tiempo). Esta forma de ser no es fácil, porque el mundo en el que vivimos no se maneja bien con estos conceptos, y porque además normalmente te genera bastantes tropezones. Son los riesgos de pisar fuera del camino preestablecido; es donde están la mayoría de las piedras, y no siempre pisas bien… aunque la sensación de libertad es enorme.

A Luís creo que después de estos años lo conozco ya lo suficiente (aunque en su despedida de soltero descubriese su vena “paliza” ;-)). En otra vida me gustaría liderar con él una banda de rock, y pasarnos largas temporadas de gira a lo largo de todo planeta. Pero como digo tendrá que ser en otra vida, porque Luís es ya un respetable padre de dos hermosas niñas… y yo no se tocar ni la pandereta. Lo que más admiro de Luís es la pasión con la que vive y la emoción e intensidad con la que habla de las cosas más sencillas (aunque no por ello menos importantes). Puede ser relatando un concierto, o de algo que le ha pasado por la calle; una película, o una conversación entre dos extraños: te lo cuenta como si fuera lo más emocionante que ha pasado en su vida. Probablemente esta inquietud, reflejada también en sus ojos (desgraciadamente algo mucho más común en niños que adultos), fue una de las mechas que prendió la llama en esta pareja.

Pero bueno, yo simplemente quería alzar mi copa y lanzar un brindis por los novios, y de nuevo me estoy enrollando. Dicen erróneamente que lo único que no se elije en esta vida es a los padres. Pero me parece que, y salvo en gente que roce la esquizofrenia, ninguno pensamos en seleccionar o vetar a nuestros futuros cuñados cuando buscamos pareja (salvo quizás casos muy extremos). Por eso, al menos en mi caso, he tenido mucha suerte con todos ellos.

Y con esto podría (más bien debería) acabar ya, pero resulta que como este brindis llega tarde (y digo bien, es el brindis el que debía haber realizado ya hace mucho tiempo; la boda llega en el momento justo), ahora no puedo terminarlo sin al menos citar a mis dos sobris.

Es cierto que mis inicios con Lucia fueron algo complicados. Y es que Lucia en sus primeros años no era demasiado dada a gustar de la compañía masculina. Y claro, un tito con barba, al que casi nunca veía y que siempre estaba trabajando tampoco ayudaba mucho. Sin embargo, y como suele suceder en las relaciones difíciles que finalmente acaban bien, ahora tenemos un feeling bastante especial.

Lucia es tremendamente despierta, inteligente e imaginativa… y por eso, a menudo, extenuante. Tímida, como su madre; sensible, y bastante competitiva. Una delicia de niña. Una alegría en un día gris; Un ingrediente perfecto en un día bueno, y un dolor de cabeza a la hora de la siesta (como en estos mismos momentos). Pero sobre todo Lucía es simplemente Lucía, sin más calificativos; mi Daniela (vosotros me entendéis).

Laura es todavía bastante pequeña, aunque tengo que reconocer que nuestra historia ha comenzado mejor. No nos vemos demasiado por la distancia. Eso sí, ahora tiene un tito mucho más “liberado” y alegre del que disfrutó su hermana… lo tiene que compartir con más sobrinos. Laura es muy expresiva,  espectacularmente alegre, y especialmente sociable; y muy viva. Así que bajo ese cóctel nos esperan intuyo no pocas aventuras.

¡Y ya sí que no digo nada más! … ¡Bueno sí, lo único que realmente quería decir! ¡Feliz día pareja!

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Angel Sierra

"Saber escuchar no siempre significa no tener nada que decir." Cinéfilo, tecnólogo, deportista, tímido, imaginativo, trabajador, viajero, comunicador, compañero, disfrutón, tranquilo, loco, músico, cocinero, gestor, bailarín, empático, friki, complicado, géminis... siempre diferente. Huye de encasillamientos; de lo que has sido o dicen que eres. Sé lo que quieras ser... sobre todo buena gente.

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6 comentarios en «Un brindis por los novios»

  1. Luis

    Muchas gracias Ángel!

    Una cosa te voy a decir (jeje):
    Menos mal que no leíste esto allí, porque todavía estaríamos todos llorando 😛

    Tienes que contar que tal la experiencia de la carrera!

    1. Angel Sierra Autor

      Jejeje. Una cosa te voy a decir… si lo llego a saber, ¡lo leo en la boda! jajaja.

      Y por cierto, ya he escrito mi relato de la carrera. Eso sí… guardate un buen rato para lleerlo 😉

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